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05/2004 |
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Hola:
Soy
un chico de 28 años de Málaga y actualmente
estoy estudiando en la Facultad de Económicas. Te escribo
porque necesito consejo urgentemente.
Creo
que me he enamorado de mi profesora de Contabilidad.
Es
una chica joven, tan bonita y femenina que cuando entro en clase no me entero
de nada de lo que dice y creo que voy a suspender otra vez.
Sueño con ella y me imagino paseando agarrados de la
mano, y como no, mucho sexo. Su pelo largo y oscuro me vuelve
loco y su forma de andar me derrite.
Bella, ¿qué puedo hacer ?
HONAÑE
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Querido
amigo:
A todos nos
ha ocurrido algo parecido. Una profesora de inglés,
un maestro de lengua o de música.
¿Quieres
un consejo?
Si
tuvieses 15 años bastaría con decirte que la
olvidases y presentarte a una vecinita que tengo. Sin embargo,
con 28 años es más complicado. Por eso te voy
a dar 5 consejos en 1. En realidad son 5 alternativas:
- Lo cobarde.
- Lo estúpido.
- Lo atrevido.
- Lo prudente.
- Lo normal
- Lo cobarde. Huye.
Apártate de ella. Es tu única esperanza de aprobar la
carrera antes de los 40. Apúntate a clases a distancia o
ponte a trabajar, pero sal de allí.
- Lo estúpido. Sigue como estás.
Sin avanzar. No
vas ni para delante ni para atrás. Ni estás con ella
ni estás con otra. Ni estudias ni trabajas. Y dentro de 30 años
tu profe se jubilará y dejarás de verla.
- Lo atrevido. Lánzate y
declárate. Un buen día acércate a ella
después de clase, o en una tutoría, y a solas
en su despacho, le dices lo que sientes. En principio tienes
la misma probabilidad de que salga bien como de que salga
mal, pero existen ciertos detalles que pueden servir de indicadores
de que te diriges hacia el fracaso:
-
Una alianza en el dedo anular. Amigo tu chica está casada.
Te acabas de quedar con el 15% de probabilidades de
obtener una reacción positiva.
- Una foto de
niños en el despacho. Pueden ser sus hijos, unos sobrinos
o la foto que venía con el marco. Como a priori no se
sabe, tu probabilidad de éxito queda reducida al 30%.
- Una frase como:
"Salga inmediatamente de este despacho o llamo a
seguridad". A esta relación le veo menos futuro que a un
esquimal en el desierto.
- Si eres poco
agraciado vete restando puntos.
- Y si entras en
el despacho sin pantalones..., bueno, en ese caso,...¿de
qué planeta eres?
- Lo prudente. Como en la alternativa anterior te la tienes
que jugar a una carta diciéndole lo que sientes, esta
otra minimiza los riesgos. ¿Cómo? Pues investigando
su vida. Siguiéndola. Conociendo sus gustos, su entorno.
Pinchándole el teléfono, entrando en su casa,
poniéndote su ropa interior. ¡Vamos, lo típico!
- Lo normal. Pero, ¿para qué ir haciendo el
idiota? ¿Para qué arriesgarse a que te pille
la policía? ¿Para qué comportarte como
un psicópata? Lo que tienes que hacer es acercarte a ella
con la excusa de una duda sobre la asignatura e intercambiar
palabras (vamos, hablar). Si esto lo pones en práctica en
varias ocasiones, llegareis a tomar cierta confianza. Es
entonces cuando te has de fijar en algún signo que delate
que le atraes. ¡Y no me refiero a que te vaya a agitar
las braguitas! Es algo más sutil. Una mirada que dura un
segundo más de lo normal, un roce sin aparente motivo, una
proposición extraescolar.
Si algo de esto ocurre, amigo, le gustas. No lo estropees
hablándole de tu pasión por el manga y los Guerreros
del Espacio. ¡Adelante!
Espero haberte ayudado.
BELLA PUBICATTI
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