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Un
americano llegó a una posada y le preguntó al posadero, un
anciano de 120 años de edad, si tenía un cuarto para pasar
la noche.
Éste
le respondió que sólo tenía una habitación en el tercer piso,
junto al de su nietecita. Pero le advirtió de que si le pasaba
algo a su nieta le aplicaría los tres castigos chinos. El
tipo le aseguró que no iba a pasar nada y tomó el cuarto.
A
la hora de la cena bajó por la escalera una dulce chinita
de unos 20 años de edad, muy linda y sensual. Durante toda
la cena la chinita no dejaba de mirarlo y el hombre no podía
dejar de pensar en lo que le había dicho el anciano.
Pero
cuando llegó la noche, el americano no pudo resistir la tentación
y entró en el cuarto de la jovencita en el que pasó mucho,
pero que mucho tiempo.
Cansado
volvió a su cuarto a descansar y quedó profundamente dormido
tras tanto ajetreo.
A la mañana siguiente, al despertar, se encontró con una roca
inmensa encima de su cuerpo con un papel que decía: "PRIMER
CASTIGO CHINO: roca de 50 kilos encima del cuerpo".
El
tipo sonrió y pensó que si eso era lo peor que podía hacer
el pobre anciano no iba a haber mayor problema.
Se
levantó, cargó la roca y la arrojó por la ventana. Fue entonces
cuando vió otro papel en el marco de la ventana que decía:
"SEGUNDO CASTIGO CHINO: roca amarrada a testículo
derecho".
El
americano al ver como desaparecía la cuerda que amarraba la
roca no se lo pensó dos veces y se tiró por la ventana. Mejor
un par de huesos rotos que un huevo menos- pensó.
Pero cuando caía por el segundo piso pudo leer un gran cartel
en la fachada que decía: "TERCER CASTIGO CHINO:
huevo izquierdo amarrado a la pata de la cama".
Moraleja:
Chicos, tened cuidado con las chinitas de los top
manta. No intentéis regatearles mucho u os quedareis sin "huevos"
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