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Hace
unos días cambié de coche. Después de 15 años de servicio
me deshice de mi SEAT Málaga. ¡Cómo lo echaré de menos!
En el "malaguita", que era como lo llamaba, aprendí
a conducir, aprendí a amar y aprendí a hacer contorsionismo.
Si, si, contorsionismo. Para un tío como yo de cerca de 2
metros es la única opción si quieres echar un kiki. Y más
si la chica es conservadora y quiere te pongas en encima.
Ahí tienes que ingeniártelas, porque a lo ancho no cabes ni
de coña. O te cortas la cabeza o te cortas los pies. No hay
otra. Bueno, si la hay: sacar los pies por la ventanilla.
O al menos eso me pareció cuando lo intenté.
No se si os dais cuenta pero esa postura es poco funcional.
Al tener los pies más altos que la cabeza como que te distancias
de la chica y, excepto si tienes una extraordinaria "herramienta",
el sexo es imposible. A no ser, claro, que comience la sesión
de contorsionismo y bajes las caderas.
Una vez tomada la postura caeréis en la cuenta de que es prácticamente
imposible moverse a no ser que os deis impulso con los brazos.
Es entonces cuando comenzarás a darle cabezazos a tu chica
y ella te gritará e insultará. Y en un momento de lucidez
pensarás que para no darle con la cabeza debes extender los
brazos (como si estuvieses haciendo flexiones de brazos).
Tu columna se arqueará aún más y escucharás como se montan
unas vértebras sobre otras, y pensarás en superman.
Además,
estás tan lejos de tu chica que no llegas a ver bien si está
riéndose de ti o llorando de desesperación por perder el tiempo
con un tipo como tu.
Y entonces dirás lo que dije yo: " Tranqui cariño"
y abres la puerta y sacas los pies por ella. Y entonces si,
entonces ya estás más cómodo y te puedes realizar como hombre
hasta que, tras la faena, te percatas de que te duelen los
pies. Observas que tienes unas 20 picaduras de mosquito y
sientes como si hubieses estado andando sobre cristales, porque
eso si, ¡el amor hay que hacerlo con los zapatos quitados!.
No existe para un hombre mayor gesto de compromiso que quitarse
los zapatos.
¡Ay! ¡Cómo echaré de menos a mi "malaguita" y el
rechine de sus amortiguadores y muelles! ¡Como echaré de menos
la inyección de adrenalina que te daba ver cómo se alarga
la frenada a pesar de tener el freno pisado a fondo! ¡Cómo
echaré de menos tener que pegar el retrovisor al parabrisas
día si y día también!
Pero sin duda, lo que más echo de menos es la sensación de
libertad que tuve al conducir, por primera vez con 14 años,
mi viejo "malaguita".
Hasta siempre, compañero.
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