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Cuando quise darme cuenta me encontraba ante la entrada de
Herberstrasse. Sin pensármelo dos veces entré y bueno, no
hace falta que te cuente lo que hay allí dentro.
- No, no- dije con un movimiento de cabeza mientras mi mente
viajaba como una ligera pluma y se depositaba en los generosos
pechos de una de aquellas damas.
- Pues bien, no me dio tiempo a dar tres pasos cuando una
mano fuerte me sujetó por el hombro. Me giré sabiendo que
me encontraría. Era un negrazo enorme que me dijo en inglés
con cara de pocos amigos: "No están permitidas las mujeres".
Bella se quedó pensativa durante unos instantes pero un movimiento
brusco del vagón pareció despertarla y continuó con su relato.
- Estaba pensando que es posible que no hubiese pasado nada
más si yo no me hubiese puesto tan nerviosa. ¡Entiendelo!-
me dijo tomándome la mano- En el año 78 cuando intenté colarme
allí salí viva de milagro. Además vi que se acercaban dos
hombres más con chupas de cuero y las chicas de las ventanas
empezaban a cuchichear y a señalarme con el dedo. Me puse
nerviosa. Me bloquee y le di un puntapié en sus partes a aquel
hombre, le pedí disculpas y salí corriendo.
Yo me sentía confundido y desorientado. No sabía si achacarlo
a las cervezas o a lo que me contaba. El sol entraba en aquel
vagón por la derecha y recortaba la silueta de nuestra amiga
y empezaba a molestarme los ojos. Seguramente Bella vió mi
cara de alucine y prosiguió.
- Pues eso, salí corriendo y me metí en el primer pub que
encontré. - continuó el relato- Pensé que si me cambiaba de
aspecto podría despistarlos. Mi objetivo era tomar un taxi
y salir de aquel barrio del demonio. Para ello tenía que cruzar
Reeperbahn y bajar unos 75 metros hasta la parada de taxis.
Una vez que me hube cambiado, salí de aquel pub que no se
ni como se llamaba pero cuyo olor siempre recordaré. Sabía
que me estaban buscando y que ya habrían alertado a todo el
gremio de porteros, así que la tarea se me presentaba complicada.
Aún así hice acopio del poco valor del que disponía en aquellos
momentos, me serené y tomé la ruta hacia Reeperbahn. Tendrías
que haberme visto -me dijo tocándome la pierna en un gesto
de confianza- me iba escondiendo en todos las esquinas y avanzaba
cuando veía a los porteros despistados o cuando entraban en
el local. Ya había avanzado unos cuantos metros y estaba prácticamente
en la enorme avenida, pero en ese momento sentí como si estuviese
siendo vigilada. Giré la cabeza con temor y vi como cuatro
chavales me estaban imitando y se escondían detrás de los
cubos de basura y andaban pegados a las paredes. "¡Lo
que me faltaba!" pensé, "cuatro niñatos alemanes
borrachos como cubas cachondeandose." En ese momento
uno de ellos se me quedó mirando y salió corriendo gritando
vete a saber qué. Tras él fueron el resto de sus compañeros
haciendo más ruido y aspavientos si cabe que el primero. Toda
la calle se quedó en silencio y la gente salía de los locales
para ver qué pasaba.
- Salí corriendo, crucé Reeeperbahn poco antes de que el semáforo
cambiase y llegué a la otra acera. El gorila y sus amigos
pararon el tráfico y también cruzaron mientras no dejaban
de gritar a sus compañeros de los sex-shops que me agarrasen
(al menos eso me parecía a mí) Tuve suerte porque ninguno
de ellos reaccionó y ya había tomado algunos metros, pero
estaba segura que no llegaría a la parada así que giré en
la primera esquina y me metí en la primera puerta que encontré.
Aquello creo que se llamaba el Palacio de Lezbos o algo así.
No hace falta que te diga de que iba aquello. Al menos allí
no me buscarían, pensé. Lo único que tenía que hacer era esperar
un rato allí hasta que se despejase la zona.
- Yo no se si era por la hora o porque ese era el ambiente
que se respiraba en el aquel garito pero en menos de tres
minutos tuve que retirar otras tantas manos de mi entrepierna.
Bueno, hasta que llegó una chica altísima, que debía ser la
jefa de aquellas lesbianas ninfómanas. Se me presentó y me
pidió disculpas por el comportamiento de sus amigas. Yo intenté
dejarle claro que no era homosexual pero aquella mente alemana
no comprendía que hacía allí entonces y pensó que me estaba
haciendo la dura. Sólo debía estar allí media hora más. Si
salía de allí ahora seguro que me encontraba a mis amigos
en la puerta. La jirafa alemana se estaba poniendo cada vez
más cariñosa. "¡Sólo media hora más! ¡Aguanta!"
me decía a mi misma mientras no dejaba de mirar la puerta
y apartar las manos de aquel pulpo lésbico de mi cuerpo.
-En una de mis miradas desesperadas a la puerta observé con
pavor que entraba mi amigo el gorila.
-Gonzzo, anoche besé a una mujer- me dijo con la voz afectada-
No lo pensé. Sólo lo hice. El miedo me hizo hacerlo. No es
que fuese la primera vez, pero no es mi opción sexual y creía
que nunca más lo haría y menos con aquella borracha que me
intentó quitar la blusa en cuanto que me acerqué a ella.
Cuando oí aquella confesión no pude más que soltar una carcajada.
Me parecía de lo más surrealista. Me encontraba en el metro
de un país que no conocía, rodeado de gente que no conocía,
después de una auténtica bacanal de cerveza y salchichas y
escuchando como una señora de cierta edad me contaba que había
besado a otra mujer. Y todo eso acompañado de un constante
traqueteo.
- Espera, espera- me dijo- todavía hay más.
- ¿Más?- pregunté sin dejar de reír.
- Cuando ví que se iba el portero me deshice de la jirafa
aquella de un rodillazo en la entrepierna.
- ¡Cómo! ¡El segundo de la noche!- dije resbalándome del asiento
sin poder guardar el equilibrio.
- Te puedes imaginar como se puso. Te lo digo de verdad, entonces
si que pasé miedo. Aquella mirada. ¡Aquellas uñas!- exclamó
enarcando las cejas- Salí como pude de allí pero en el trance
perdí la bolsa y todo el dinero que tenía así que no pude
tomar ningún taxi. Por eso estoy aquí en el metro.
En eso que llegó un caballero con una pequeña carpeta en las
manos y nos dijo : " Die fahrkarten, bitte" (los
pasajes, por favor)
- Bella- dije una vez recuperada la compostura y nada más
observar el rostro de nuestra amiga- por favor, deja que lo
arregle yo. Ni te levantes siquiera. Nos quedan cuatro días
más aquí y como tu arregles todos los problemas dando rodillazos
en la entrepierna vas a convertir a Hamburgo en la ciudad
con más castratis de Europa.
- Que se jodan- pude escuchar susurrar a Bella mientras arreglaba
el incidente con el revisor.
FIN.
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