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 Parte 4.- Desenlace.

Por Gonzzo (el webmaster) 

 

- Cuando quise darme cuenta me encontraba ante la entrada de Herberstrasse. Sin pensármelo dos veces entré y bueno, no hace falta que te cuente lo que hay allí dentro.
- No, no- dije con un movimiento de cabeza mientras mi mente viajaba como una ligera pluma y se depositaba en los generosos pechos de una de aquellas damas.
- Pues bien, no me dio tiempo a dar tres pasos cuando una mano fuerte me sujetó por el hombro. Me giré sabiendo que me encontraría. Era un negrazo enorme que me dijo en inglés con cara de pocos amigos: "No están permitidas las mujeres".
Bella se quedó pensativa durante unos instantes pero un movimiento brusco del vagón pareció despertarla y continuó con su relato.
- Estaba pensando que es posible que no hubiese pasado nada más si yo no me hubiese puesto tan nerviosa. ¡Entiendelo!- me dijo tomándome la mano- En el año 78 cuando intenté colarme allí salí viva de milagro. Además vi que se acercaban dos hombres más con chupas de cuero y las chicas de las ventanas empezaban a cuchichear y a señalarme con el dedo. Me puse nerviosa. Me bloquee y le di un puntapié en sus partes a aquel hombre, le pedí disculpas y salí corriendo.
Yo me sentía confundido y desorientado. No sabía si achacarlo a las cervezas o a lo que me contaba. El sol entraba en aquel vagón por la derecha y recortaba la silueta de nuestra amiga y empezaba a molestarme los ojos. Seguramente Bella vió mi cara de alucine y prosiguió.
- Pues eso, salí corriendo y me metí en el primer pub que encontré. - continuó el relato- Pensé que si me cambiaba de aspecto podría despistarlos. Mi objetivo era tomar un taxi y salir de aquel barrio del demonio. Para ello tenía que cruzar Reeperbahn y bajar unos 75 metros hasta la parada de taxis. Una vez que me hube cambiado, salí de aquel pub que no se ni como se llamaba pero cuyo olor siempre recordaré. Sabía que me estaban buscando y que ya habrían alertado a todo el gremio de porteros, así que la tarea se me presentaba complicada. Aún así hice acopio del poco valor del que disponía en aquellos momentos, me serené y tomé la ruta hacia Reeperbahn. Tendrías que haberme visto -me dijo tocándome la pierna en un gesto de confianza- me iba escondiendo en todos las esquinas y avanzaba cuando veía a los porteros despistados o cuando entraban en el local. Ya había avanzado unos cuantos metros y estaba prácticamente en la enorme avenida, pero en ese momento sentí como si estuviese siendo vigilada. Giré la cabeza con temor y vi como cuatro chavales me estaban imitando y se escondían detrás de los cubos de basura y andaban pegados a las paredes. "¡Lo que me faltaba!" pensé, "cuatro niñatos alemanes borrachos como cubas cachondeandose." En ese momento uno de ellos se me quedó mirando y salió corriendo gritando vete a saber qué. Tras él fueron el resto de sus compañeros haciendo más ruido y aspavientos si cabe que el primero. Toda la calle se quedó en silencio y la gente salía de los locales para ver qué pasaba.
- Salí corriendo, crucé Reeeperbahn poco antes de que el semáforo cambiase y llegué a la otra acera. El gorila y sus amigos pararon el tráfico y también cruzaron mientras no dejaban de gritar a sus compañeros de los sex-shops que me agarrasen (al menos eso me parecía a mí) Tuve suerte porque ninguno de ellos reaccionó y ya había tomado algunos metros, pero estaba segura que no llegaría a la parada así que giré en la primera esquina y me metí en la primera puerta que encontré. Aquello creo que se llamaba el Palacio de Lezbos o algo así. No hace falta que te diga de que iba aquello. Al menos allí no me buscarían, pensé. Lo único que tenía que hacer era esperar un rato allí hasta que se despejase la zona.
- Yo no se si era por la hora o porque ese era el ambiente que se respiraba en el aquel garito pero en menos de tres minutos tuve que retirar otras tantas manos de mi entrepierna. Bueno, hasta que llegó una chica altísima, que debía ser la jefa de aquellas lesbianas ninfómanas. Se me presentó y me pidió disculpas por el comportamiento de sus amigas. Yo intenté dejarle claro que no era homosexual pero aquella mente alemana no comprendía que hacía allí entonces y pensó que me estaba haciendo la dura. Sólo debía estar allí media hora más. Si salía de allí ahora seguro que me encontraba a mis amigos en la puerta. La jirafa alemana se estaba poniendo cada vez más cariñosa. "¡Sólo media hora más! ¡Aguanta!" me decía a mi misma mientras no dejaba de mirar la puerta y apartar las manos de aquel pulpo lésbico de mi cuerpo.
-En una de mis miradas desesperadas a la puerta observé con pavor que entraba mi amigo el gorila.
-Gonzzo, anoche besé a una mujer- me dijo con la voz afectada- No lo pensé. Sólo lo hice. El miedo me hizo hacerlo. No es que fuese la primera vez, pero no es mi opción sexual y creía que nunca más lo haría y menos con aquella borracha que me intentó quitar la blusa en cuanto que me acerqué a ella.
Cuando oí aquella confesión no pude más que soltar una carcajada. Me parecía de lo más surrealista. Me encontraba en el metro de un país que no conocía, rodeado de gente que no conocía, después de una auténtica bacanal de cerveza y salchichas y escuchando como una señora de cierta edad me contaba que había besado a otra mujer. Y todo eso acompañado de un constante traqueteo.
- Espera, espera- me dijo- todavía hay más.
- ¿Más?- pregunté sin dejar de reír.
- Cuando ví que se iba el portero me deshice de la jirafa aquella de un rodillazo en la entrepierna.
- ¡Cómo! ¡El segundo de la noche!- dije resbalándome del asiento sin poder guardar el equilibrio.
- Te puedes imaginar como se puso. Te lo digo de verdad, entonces si que pasé miedo. Aquella mirada. ¡Aquellas uñas!- exclamó enarcando las cejas- Salí como pude de allí pero en el trance perdí la bolsa y todo el dinero que tenía así que no pude tomar ningún taxi. Por eso estoy aquí en el metro.
En eso que llegó un caballero con una pequeña carpeta en las manos y nos dijo : " Die fahrkarten, bitte" (los pasajes, por favor)
- Bella- dije una vez recuperada la compostura y nada más observar el rostro de nuestra amiga- por favor, deja que lo arregle yo. Ni te levantes siquiera. Nos quedan cuatro días más aquí y como tu arregles todos los problemas dando rodillazos en la entrepierna vas a convertir a Hamburgo en la ciudad con más castratis de Europa.
- Que se jodan- pude escuchar susurrar a Bella mientras arreglaba el incidente con el revisor.


FIN.

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